viernes, 20 de noviembre de 2009

Para una guerrilla semiológica

Según Umberto Eco, los críticos más severos de la cultura de masas, a los que él mismo denominó "apocalípticos" en uno de sus libros, afirmarían: "los medios de comunicación de masas no son portadores de ideología, son en sí mismos una ideología", algo que según el semiólogo italiano implicaría también el siguiente argumento: "No importa lo que se diga a través de los canales de comunicación de masas; desde el momento en que el receptor está cercado por una serie de comunicaciones que le llegan simultáneamente desde varios canales, de una manera determinada, la naturaleza de esta información tiene poquísima importancia. Lo que cuenta es el bombardeo gradual y uniforme de la información, en la que los diversos contenidos se nivelan y pierden sus diferencias".

Esto nos llevaría a considerar al destinatario de los medios de comunicación de masas, como un elemento pasivo que recibe una "lección ideológica global", algo que podríamos vincular con la idea expresada por Ignacio Ramonet sobre el "pensamiento único" difundido por los mass-media. En efecto, si "el medio es el mensaje" no importan los contenidos que se difundan, los propios medios tendrían una lógica interna que determinaría los mensajes con independencia del contenidos de estos.

Para Umberto Eco "el medio no es el mensaje", sino que "el mensaje depende del código". Los mensajes son difundidos por una fuente a través de un medio, que indudablemente está determinado sociológicamente. Pero también los receptores de esos mensajes están determinados por situaciones sociológicas diferenciadas donde actúan códigos diferentes, es decir, "el medio transmite las ideologías a las que el destinatario puede recurrir en forma de códigos que nacen de la situación social en la que vive, de la educación recibida, de las disposiciones psicológicas del momento".

Para una guerrilla semiológica

La tecnología como forma de control

La lectura de "El lenguaje de los nuevos medios" de Lev Manovich me ha hecho volver a plantearme determinadas cuestiones en relación a las tecnologías y sus implicaciones ideológicas. Por ejemplo, nunca había pensado en la interface de usuario como un "código semiótico", pero si nos paramos a reflexionar un poco, en realidad este planteamiento puede ofrecernos muchas preguntas acerca de las formas de control que imponen los nuevos medios y la no neutralidad de la tecnología.

Entender la interface de los ordenadores como un "código semitótico" tiene importantes consecuencias en la forma de estructurar y percibir el mundo. Muchos autores coinciden en señalar que el pensamiento humano está determinado por el código del lenguaje natural, y siguiendo este planteamiento cabría preguntarnos, por tanto, algunas cuestiones esenciales: ¿qué consecuencias tiene para nuestro pensamiento la estructuración jerárquica de los sistemas operativos que gobiernan todas nuestras acciones con los ordenadores?

Es cierto que la lógica jerárquica de los sistemas operativos ha sido transformada por la lógica no-lineal de la World Wide Web, y que la Red ha evolucionado mucho con la web 2.0, pero... ¿qué posibilidades de creación tenemos ante las imposiciones de las industrias ciberculturales y su alianza con los programadores y diseñadores de código informático?, y siguiendo con la próxima evolución de la web 3.0, ¿quien está desarrollando esa evolución, los comunicadores y educadores comprometidos con la democracia y la justicia social o las industrias ciberculturales y sus intereses ocultos?

Durante estas semanas de trabajo hemos podido comprobar las limitaciones en nuestra capacidad creativa por estar supeditados a las imposiciones tecnológicas. Nuestras ideas han ido a sitios donde la tecnología no nos ha podido servir como soporte y, por tanto, muchas de estas ideas no han podido ser materializadas. Si los medios de difusión masivos fueron instrumentos para la fabricación del consenso en las sociedades modernas (máquinas de homogeneización y control), ¿no estaremos asistiendo a otras formas de control social impuestas desde los gigantes del ciberespacio como Microsoft, Google o Yahoo? ¿somos capaces de pensar de una forma distinta a la lógica impuesta por los nuevos medios?

Si los elementos de la interface del ordenador, así como el origen de la pantalla, son invenciones desarrolladas por los ejércitos para poder controlar a sus potenciales enemigos... ¿no estaremos sometiéndonos a la misma lógica del control?

Lev Manovich nos ofrece muchos elementos para reflexionar sobre estas cuestiones, pero deberiamos ir más allá y plantearnos, por ejemplo, qué podríamos aportar nosotros para hacer de la tecnología una verdadera herramienta de servicio público para la construcción de sociedades más justas y democráticas: ¿lo harán las industrias ciberculturales o los educadores comprometidos?